“Las universidades deben colaborar con las empresas para no quedarse obsoletas”

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El avance imparable de la digitalización requiere de nuevas habilidades y capacidades en los profesionales, una demanda que determinará las necesidades educativas de los próximos años. Hemos entrevistado a Carmen Calderón Patier, Decana de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales Universidad CEU San Pablo, que nos ha ofrecido su visión sobre los retos que afrontan las instituciones educativas para adaptarse a esta realidad, así como de los beneficios del convenio de colaboración firmado por la Universidad CEU San Pablo y SAS para contribuir al desarrollo de perfiles profesionales con competencias en analítica de datos.

La OCDE prevé que en 2030 más del 80% de los trabajos requieran conocimientos tecnológicos, ¿cómo se puede cubrir esta necesidad desde el sistema educativo? ¿Es posible adaptarse teniendo en cuenta la rapidez a la que avanza la tecnología?

El sistema educativo español se enfrenta a un importante reto en cuanto a la enseñanza tecnológica, no solo en el nivel universitario sino en las etapas escolares previas, donde se debe empezar a incorporar este tipo de formación y competencias. Considero que nos encontramos ante algo similar a lo que ocurrió con la enseñanza del inglés hace 15 o 20 años, que se fue incorporando de forma progresiva en todas las etapas escolares, al principio como una asignatura, para llegar a la situación actual, en la que todos los alumnos llegan a la etapa universitaria con un cierto nivel.

La diferencia con la que nos encontramos ahora es que el cambio es ahora tan disruptivo y la velocidad de la transformación digital tan alta que no se puede hacer una transición educativa tan progresiva. Los conocimientos, habilidades y competencias que necesitamos hoy es probable, casi seguro, que no sean los de mañana. La realidad es que tenemos muy pocas certezas: nadie sabe a día de hoy cuáles van a ser las profesiones del futuro, qué vamos a encontrar en el mercado laboral ni el impacto real de los avances científicos y tecnológicos.

¿Qué podemos hacer para que los alumnos salgan de la etapa universitaria preparados para este cúmulo de incertidumbres? Yo propondría trabajar un cuatro grandes objetivos:

Desarrollar la capacidad de autoformación y reciclaje, es decir, preparar a los alumnos para que sean capaces de aprender desde el desempeño. La idea de una formación completa universitaria que le sirva al alumno para toda la vida ya no es válida, puesto que los escenarios profesionales a los que se van a enfrentar se caracterizan por la incertidumbre. Esto exige que el aprendizaje se realice desde la propia praxis, que los alumnos aprendan por sí mismos para afrontar cualquier cambio. Frente a la asimilación pasiva de conocimientos, este planteamiento se basa en poner el foco en la capacidad de planificar aprendizajes, generar conocimientos y evaluar si son adecuados para unas necesidades específicas. Esto no solo implica un cambio de mentalidad y metodología docentes, que deberían caracterizarse por enseñar a aprender al servicio de la resolución de problemas, sino que requiere de una formación continua por parte del profesorado. Debemos preparar al alumno para que continúe formándose y aprendiendo a lo largo de toda su vida. Es un proceso que nunca va a acabar y que nos afecta a todos, alumnos, docentes y resto de la sociedad. Debemos enseñarles a aprender a aprender.

Enseñarles a desarrollar la capacidad para afrontar la gestión de los procesos y desarrollar la capacidad de negociación. A pesar de que vivimos en un mundo complejo y caótico, este caos no significa que no existan reglas o patrones que permitan prever un suceso y sus consecuencias, si bien se convierte en una tarea complicada. En este entorno el conocimiento debe surgir del debate, de la confrontación de ideas; utilizando el razonamiento, valorando y descartando otros puntos de vista. Este conocimiento debatido posee la ventaja frente al conocimiento asumido de ser más fácilmente replicable y adaptable a distintas necesidades. Las tecnologías son el instrumento que nos va a permitir llevar a cabo este conocimiento debatido, pero no hay que perder de vista que son un instrumento y no un fin en sí mismo.

Desarrollo de la resiliencia y capacidad de gestión de la información. La complejidad de los escenarios profesionales, personales e interpersonales a los que los alumnos deberán enfrentarse en su futuro laboral hace precisa una gran capacidad de ductilidad y habilidades como la persistencia, la búsqueda de una mejora continua e incluso el aprendizaje a través del fracaso. Por otro lado, creo que vivimos en una especie de “diabetes informativa o exceso de información”. Debemos enseñar a que el alumno sea capaz de “metabolizar” la información que recibe y sea capaz de discriminar la buena y la información tóxica, y no sea un mero receptor-aceptante de todo lo que recibe o se encuentra en las redes sociales.

Potenciar la iniciativa y la innovación. Hasta hace poco ser eficiente en el trabajo era un requisito suficiente para una vida laboral satisfactoria. Ahora la globalización nos obliga a competir en un mercado muy complejo e impone el valor de tomar iniciativas, asumiendo riesgos y calculando la viabilidad. Se trata de proponer soluciones creativas, diferentes y disruptivas, que sean alternativas e incluso complementarias a las que ya existen, potenciando su pensamiento crítico y creativo.

 

A pesar de que los perfiles STEM cuentan con las mejores perspectivas laborales, las matriculaciones en estas formaciones siguen sin aumentar, ¿a qué puede deberse esta falta de interés? ¿Qué se puede hacer desde el sistema educativo para hacerlas más atractivas?

En mi opinión la falta de interés se debe fundamentalmente a dos factores: la dificultad académica y la falta de orientación y conocimiento.

En relación a la dificultad académica hay que partir de que la base de los perfiles STEM son las matemáticas y la tecnología. Y, precisamente, observamos importantes deficiencias de estas materias en las primeras etapas de enseñanza. Por ejemplo, un reciente estudio de PwC apuntaba que a los alumnos de Primaria les interesa y entienden las matemáticas, pero esta tendencia cambia en Secundaria y Bachillerato, cuyos alumnos tampoco le ven utilidad. La pregunta aquí sería ¿se están enseñando correctamente estas materias? La respuesta es negativa y no se debe a una falta de horas dedicadas en los programas oficiales, sino a la falta de preparación de los maestros. Prueba de ello es que el grado de Magisterio actualmente solo incluye entre un 10% y un 12% de formación en matemáticas y tecnología, una cantidad claramente insuficiente. En tecnología el panorama es aún menos alentador, si tenemos en cuenta que en los planes de estudios de Primaria, Secundaria y Bachillerato no se contemplan materias obligatorias, sólo en algunos centros se ofertan de forma optativa.

Por otro lado, la ley educativa actual considera fundamental la orientación de los estudiantes para que éstos dispongan de herramientas que les faciliten la toma de decisiones. Sin embargo, una deficiencia en este aspecto impacta desde una edad muy temprana, ya que los alumnos deben elegir un itinerario en 4º de la ESO en un momento en el que, según los directores de los centros, solo un 38% de los alumnos tiene claro lo que quiere estudiar. Además, una vez elegido este itinerario no es sencillo cambiarlo, pese a que los alumnos presentan un alto grado de inmadurez como para conocer sus preferencias.

A la falta de orientación se une el desconocimiento, como demuestra que un 25% de los alumnos de Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional afirme que no se formaría en carreras STEM porque desconocen sus oportunidades laborales. Son los colegios los que ofrecen la formación de orientación a los alumnos, pero tal vez la cuestión es que no han recibido la preparación necesaria.

Mi recomendación aquí pasaría por realizar un acercamiento de los niños a la tecnología desde el colegio con asignaturas obligatorias, ya que además facilitan el aprendizaje. En este sentido, veo fundamental incluir la tecnología como una asignatura transversal e indispensable para el resto de las materias. Por otro lado, considero clave incrementar la formación STEM en el profesorado, con independencia de su especialización, y ofrecerles formación continua a lo largo de su carrera que les permita actualizar su conocimiento.

En cuanto a la orientación, es necesaria su profesionalización y homogeneización e incluso involucrar en ella a las empresas, que van bastante por delante del mundo académico en este ámbito y pueden formar a los docentes sobre las necesidades del mercado laboral. Implementar nuevas metodologías de orientación y un papel más activo de universidad y empresa pueden marcar la diferencia. Por último, me parece importante estimular y promover actividades fuera del aula relacionadas con capacidades STEM, ya sea eventos, ferias, concursos, etc.

¿Por qué los perfiles analíticos son cada vez más importantes en las empresas? ¿Hay una apuesta cada vez mayor por perfiles híbridos?

Actualmente la gestión y el análisis de datos mueve el mundo: la economía, la política, el consumo, la logística, etc. Y, gracias a estos datos, se está produciendo una transformación increíble. Profesionales digitales, como programadores, científicos de datos, o especialistas en ciberseguridad, son los más demandados por las empresas, ya que su supervivencia depende en gran parte de cómo gestionen sus datos.

Las universidades nos estamos actualizando para preparar a los alumnos para un mercado laboral en el que, a pesar de existir un 15% o un 20% de desempleo, hay puestos que siguen sin cubrirse por la falta de profesionales. Por ejemplo, en nuestra facultad creamos hace dos años el Grado de Inteligencia de Negocio, dirigido al desarrollo de estas competencias y en colaboración con Telefónica, empresa referente en comunicaciones en nuestro país y en el mundo, y tiene una demanda creciente muy importante. Tal es así, que ya las empresas quieren incorporarlos a sus plantillas (actualmente acaban de finalizar el 2º curso), pero deben esperar a que finalicen su Grado.  .

Sin embargo, nos encontramos con que solo la formación tecnológica no es suficiente, ya que el mercado laboral exige perfiles híbridos entendidos desde un doble ángulo. En primer lugar, una vez superados los conocimientos técnicos, las empresas buscan una serie de competencias para desarrollar esos trabajos: pensamiento crítico, trabajo en equipo, comunicación y empatía. Pero, además de eso, cuando hablamos de perfiles híbridos, nos referimos a perfiles transversales, cuyo conocimiento no esté estancado en un departamento o en un grado determinado. Por ejemplo, la Industria 4.0 está demandando perfiles híbridos, que combinan digitalización con ingeniería, filosofía o gestión de empresas.

La dificultad radica en captar perfiles tecnológicos con conocimiento de negocio, ya que el entendimiento de las organizaciones se suele adquirir con los años de experiencia, pero estos perfiles más senior carecen de competencias digitales. Por tanto, hay un desajuste entre las necesidades del mercado laboral y los trabajadores, que únicamente se resolverá con formación, tanto universitaria para los futuros profesionales, como formación continua para los que ya están en el mercado laboral.

"El análisis de datos y la IA van a dominar nuestro futuro y conocer herramientas de datos es un valor añadido muy importante para el alumno, puesto que cualquier profesional involucrado en el mundo empresarial va a tener que estar familiarizado, conocer las posibilidades que ofrece y hablar de tú a tú a los profesionales que dominen la herramienta"

¿Qué beneficios va a aportar a la Universidad San Pablo CEU el acuerdo firmado con SAS?

La colaboración entre universidad y empresa es fundamental para la formación del alumno, del profesorado y para conocer las necesidades del mercado laboral. Me gustaría destacar que SAS es una empresa que nació hace casi 50 años, cuando ni se hablaba de machine learning, ni existía el big data, ni internet, ni telecomunicaciones como las conocemos hoy y que, además,s nació en un entorno universitario. Desde su nacimiento, SAS fue concebida como un lenguaje de programación orientado al análisis de dato y ha sido precursora del data analytics orientado a la toma de decisiones empresariales y, en la actualidad, muchas empresas basan sus sistemas de tomas de decisiones en SAS. Con una presencia tan amplia en el tejido empresarial, poder incorporarlo a la docencia y que nuestros alumnos aprendan a utilizar SAS e es un valor en sí mismo.

Muchas empresas a las que se van a incorporar los alumnos requieren el uso de SAS, pero el valor de esa plataforma de datos va mucho más allá. El análisis de datos y la IA van a dominar nuestro futuro y conocer herramientas de datos es un valor añadido muy importante para el alumno, puesto que cualquier profesional involucrado en el mundo empresarial va a tener que estar familiarizado, conocer las posibilidades que ofrece y hablar de tú a tú a los profesionales que dominen la herramienta.

Estas son las principales ventajas que nuestra alianza con SAS puede aportar tanto a los alumnos como a los profesores. Parte de nuestros profesores ya han recibido esta formación y esto es importante no solo para el alumno, sino también para el docente, como transmisor del conocimiento. La variedad de procedimientos y posibilidades que ofrece SAS estimula el pensamiento crítico y la transversalidad de materias que estábamos comentando.

¿Qué importancia tiene la colaboración de las empresas con las Universidades para acercar la formación académica a las necesidades del mercado laboral?

Desde mi punto de vista es fundamental, no pueden ser incompatibles el conocimiento, el debate y la generación de ideas que supone la universidad con el mundo real. Al contrario, deben nutrirse y establecer una colaboración bidireccional y cada vez mayor. A medida que avancen las tecnologías y los sistemas, el conocimiento y las metodologías deben evolucionar. Si no existe esta colaboración, la universidad se quedará absolutamente obsoleta y perderá su papel como centro de conocimiento, naturalmente relacionado con su entorno, con la sociedad.

En este sentido, creo que la universidad debe saber gestionar la caducidad de los contenidos formativos, enseñar a los alumnos a aprender rápido y a ser conscientes de que todo va a cambiar y deben estar preparados, además de generarles esa curiosidad de que se enfrentan a un mundo complejo pero lleno de posibilidades. Para ello es indispensable que la empresa esté al lado de la universidad y viceversa.

Si quieres saber cómo SAS colabora con el sistema educativo conoce los SAS Academics Programs

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