La cuestión de la ética en la IA

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La Inteligencia Artificial conquista nuevos ámbitos de nuestra vida y está cada vez más presente en nuestro día a día, ya sea en las sugerencias de productos o contenidos que consumimos, en asistentes digitales que nos facilitan tareas o incluso en el diagnóstico precoz de enfermedades. Pero, al mismo ritmo que avanza la implantación de la IA, lo hace la preocupación entre los consumidores, líderes de negocio y gobiernos por la ética detrás de esta tecnología.

¿A qué responde esta inquietud? Si bien es cierto que llevamos décadas utilizando algoritmos, el aumento progresivo del peso de la AI en la toma de decisiones a nivel global hace que su efecto y alcance sean potencialmente mayores. A modo de ejemplo, podemos señalar que la Inteligencia Artificial puede ya determinar aspectos como las condiciones a las que accedemos a un crédito, la cuota que pagaremos en un seguro e incluso nuestro futuro profesional a través de su aplicación a los procesos de selección.

Claves para garantizar un uso ético de la IA

La primera cuestión que se debe garantizar cuando se aplica la IA es que las soluciones que se desarrollan no crean ni perpetúan desigualdades, como pueden ser barreras en el acceso a la sanidad o al mercado laboral para determinados colectivos.

En segundo lugar, es fundamental minimizar los sesgos en el uso de la Inteligencia Artificial. Hay que tener en cuenta que es demasiado fácil que los sesgos estén presentes en las soluciones de IA, ya sea durante la recogida o selección de los datos, en el desarrollo mismo del algoritmo o a nivel de despliegue. Por ejemplo, aunque los datos sean representativos, las personas encargadas del entrenamiento pueden, sin quererlo, transmitir sus propios prejuicios al algoritmo e influir en los resultados.

Un tercer aspecto a tener en cuenta para conseguir soluciones de IA éticas es que éstas cedan el poder a las personas. El miedo a la falta de control y a perder la capacidad de tomar decisiones es una de las cuestiones que más preocupan a los consumidores. Por eso, es necesario comunicar cuándo existen sistemas de IA, cómo se usan e incluso permitir al usuario rechazarlos o personalizar el algoritmo.

La ética de la IA determina el éxito de las empresas

Las empresas juegan un papel esencial para garantizar un uso ético de la IA y deben abordar la cuestión de forma prioritaria. En un contexto en el que los consumidores son cada vez más conscientes y exigentes, aquellas compañías que no lo hagan podrán ver su reputación resentida y un efecto negativo en sus resultados. Tanto es el impacto que, según el estudio de Capgemini Why addressing ethical questions in AI will benefit organisations , un 62% de los participantes confiaría más en una compañía cuyas interacciones de IA son percibidas como éticas.

Pero no solo los consumidores están atentos, los gobiernos de todo el mundo están entrando en el debate. Aunque, de momento, se han centrado en proporcionar recomendaciones que las empresas pueden seguir de forma voluntaria, la expectativa es que éstas acaben evolucionando hacia obligaciones legales. De hecho, la UE ya ha anunciado su intención de regular algunos aspectos del desarrollo y el uso de la IA

Sin duda, es el momento de definir el concepto de ética en cada organización y que éstas implementen sus propios principios, así como procesos transparentes y gobernados. Solo de esta forma serán capaces de aprovechar todo el potencial de la IA, generando a la vez confianza en sus empleados, clientes y el resto de sus audiencias.

¿Quieres conocer nuestra visión de la ética en el uso de la Inteligencia Artificial?

 

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